lunes, 6 de diciembre de 2010

El hijo presumía de amigos, de buenos amigos.
- Mire, padre, tengo los mejores amigos del mundo, los mejores.
- Pues yo a mi edad sólo tengo medios amigos. Vamos a hacer la prueba.
Y llamaron a la puerta de uno de esos amigos del hijo.
- Mira, Florencio, que acabo de matar a un hombre y necesito que me ayudes a enterrarlo.
- No me metas en esos líos, criminal, canalla.
El padre le llevó entonces a casa de uno de sus medios amigos.
- Mira, Antonio, que he matado a un hombre y necesito que me ayudes a enterrarlo.
- ¿Dónde está el cadáver? Vamos a ello.
El hijo inclinó la cabeza.

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