sábado, 17 de diciembre de 2011
Cometi un error al decirte que no quería nada serio, fue una forma, una de las tantas mías, para alejar a las personas de mi, fuiste víctima de mis métodos más comunes, fue una forma de esperar que insistieras y te ganases tu lugar, que te quedases a pesar de mi frialdad repentina. Cometí un error, desearía no haber dicho eso, si pudiese retiraría mis palabras. Por una extraña razón no puedo sacarme de la cabeza esa noche en que me invitaste al cine y terminamos en casa, tomando un café. Conociste mi habitación desde la vista privilegiada de mi cama, y no intentaste nada más que abrazarme, me pediste que no te suelte, que te bese, que no tenga miedo, que iba a estar bien en tus brazos. Esa noche no fue el problema, los días que le siguieron cuando empezaste a invitarme día de por medio a almorzar cuando salías del trabajo fue el verdadero problema, me asustó la idea de llevarnos tan bien, de poder hablar de todo, me sentí acorralada por un estilo de sentimiento que parecía totalmente nuevo. Y antes de un viaje, pleno julio, decidí en lo que fue el último almuerzo que compartimos, aclararte que no quería estar con nadie. Y te reíste, me miraste con un aire de nostalgia o desilusión mientras me agarrabas la mano que había dejado arriba de la mesa, y me dijiste con mucha naturalidad: "deberías saber que eso se lo dicen los hombres a las mujeres". Me pediste que me quedase tranquila, que me relajara, que nada iba a pasar si no se daba. Después de unos meses, nos volvimos a ver, de casualidad en la calle y me pediste que te abrace y fui tan fría, me asquea pensar en lo fría que fui. Me tocaste el pelo, y me pediste acompañarme hasta donde fuese que fuera. Me sentí incómoda, algo sin que nos diesemos cuenta estaba roto. Fueron parte esos rumores, esas mujeres que te rodean, fueron esas actitudes altaneras que antes no tenías conmigo. No soy un premio que hay que ganar, ni tampoco una rompe corazones. Y ahora son esos días compartidos, que no llegaron a ninguna parte, los que llegan a mi cabeza y me hace creer que realmente lo eché a perder esta vez.
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