domingo, 22 de mayo de 2011

Una última vez siempre es triste. Fue ese día que dije "es hora de guardar todo, pero quiero una última vez". Quería dejar un buen final, a lo que llamamos infancia. Estaba jugando con mis muñecas y demás juguetes que adoraba sin pensar que era la última vez que lo haría. 
Hoy recordé esos momentos en los que te sacan una sonrisa verdadera. Yo era la niña que coleccionaba peluches, barbies y muñecas. También fue la que les ponía nombre a cada uno, la que juntaba figuritas, la que amaba disfrazarse dejando volar su imaginación e inventar cada cuenta, y la que dibujaba en las paredes de mi casa (sí, me retaban, jaja). En mi paso por el jardín, me podías ver dibujando o jugando con la plastilina. Amaba hacer cualquier cosa que implicara "arte" para después regalar a mamá y sacarle una sonrisa. Los años que viví mi infancia fueron los mejores, todavía había chicos en las calle jugando a las escondidas o a la mancha y por qué no al ring raje. Siempre te hacías algún amigo en la plazita, que quizás volvías a ver. A la tarde sí o sí miraba Chiquititas y amaba cantar sus canciones y bailar.. Pimpollo, turín turín♪ Jaja. Esas tardes con amigas bailando las coreografías, inolvidables! Los mejores juegos en los recreos del cole eran la soga, el elástico, la rayuela, el poliladron y martin pescador. Si te enojabas con un amigo, al día siguiente era como si no hubiese pasado nada y si te gustaba alguien te conformabas con que te hablara o te tocara en la botellita con él/ella. Si la profe te ponía un sellito eras feliz y con un peso te comprabas todos los caramelos que podías. Tantas cosas que se fueron y que sólo se viven una vez. 

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