lunes, 6 de diciembre de 2010

Soy rara. Soy tan rara que me preocupo por lo que no debo, ¿o sí debería?, tan rara que no estoy bien si los que están a mi alrededor no lo están. Soy tan rara que escucho música que nadie de mi alrededor escucha. Soy tan rara que en verano pierdo todo el criterio musical y sucumbo a los temas típicos y a otros algo vergonzosos pero que me mantienen bailando horas y horas en ferias y fiestas a lo largo de la geografía chascomunense. Tan rara que me gustan programas y películas que la gente suele etiquetar como aburridas o complicadas. Soy tan rara que los mosqueos serios me duran segundos pero me apagan para un buen rato. Soy tan rara que la alegría la comparto y la pena la guardo. Tan rara que me contagio rápidamente de la buena onda que flota en algunos lugares. Soy tan rara que me puedo pasar horas oyendo caer el agua en la fuente del parque con la mirada perdida y no sentir que estoy perdiendo el tiempo. Soy tan rara que no puedo vestir la ropa que me gusta porque no me siento cómoda con la mayoría de las prendas. Soy tan rara que a veces niego abrazos o roces que me encantarían porque me duelen. Soy tan rara que me lío sintiendo cosas por personas diferentes a las que normalmente sentiría. Tan rara que a veces odio cuando quiero y quiero cuando odio. (Va a ser verdad eso de que del amor al odio solo hay un paso). Tan rara que puedo tomar 3 o 4 cafés al día y dormir como un bebé y, por el contrario, tomarme sólo un té y desvelarme. Soy tan rara que me despierto temprano aunque me acueste tarde. Soy tan rara que hablo mucho de mi vida y aún la gente me cuenta que apenas saben nada de mí. Tan rara que pienso que la mayoría de la gente son buenas personas y que lo malo es la excepción. Tan rara que cuando me aburro voy por la calle sonriendo a la gente y esperando reacciones. Soy tan rara que me gusta estudiar, que me gusta aprender y que me apasiona saber. Soy tan rara que me gusta pasear aunque mis piernas cansadas me digan que pare. Tan rara que bebo para olvidar y acabo recordando más. Soy tan rara que me emociono y lloro con algunas escenas tristes o emotivas de dibujos animados y ni me inmuto con algunas fuertes o duras imágenes reales. Soy tan rara que estoy solo con la cantidad de gente que siempre tengo alrededor, tan rara que mi cariño molesta, tan rara que mi libertad asfixia, mi calma altera, mi alegría llora, mi inteligencia me hace una ignorante y mi bondad me termina por hacer sentir mal.
A veces no me gusto, a veces puedo no gustar... pero es lo que hay.

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