No sabemos como ni cuando, pero aprendemos a querer y a amar.
Desde una edad muy temprana se nos enseña a dar y recibir amor, nuestros padres,nuestros primeros protectores, nos llenaron de amor y así sin necesidad de palabras nos enseñaron a amar.
No nos enseñaron a traicionar ni a ser traicionadas, aun así enfrentamos la traición. Y es doloroso enfrentarnos a la traición, y más aún cuando esa traición viene, como siempre sucede, de alguien que amamos.
¿Cuántas veces nos hemos enfrentado a la traición de un amigo o amiga?
Muchas veces esa traición rompe la confianza y la lealtad, dos de los sentimientos más elevados que todos tenemos derecho de conservar de y para los que llamamos o consideramos amigos.
Muchas veces por no perder una amistad preferimos ignorar la ofensa o las circunstancias de la traición, pero ya nada es igual, pasamos por esa experiencia dolorosa y hasta traumática y es difícil entender y aceptar que el amigo/a nos falle, y muy difícilmente podemos quedar exentas de traición ni de traicionar, porque como humanos somos falibles y muchas veces somos egoístas y desconsiderados, con un amigo, una amiga, nuestra pareja, y como toda traición también la traición de un amigo es difícil de asimilar y hace florecer nuevos sentimientos negativos por la rabia. Puede que afloren incluso sentimientos tan negativos y dañinos que puedan provocar una agresión o venganza hacia el traidor, además de poder generar en nuestro interior el dolor, la humillación e impotencia.
Si una traición de por si es dolorosa, más aún cuando es un amigo quien nos traiciona. Siempre o casi siempre esperamos más de los amigos de lo que realmente nos pueden dar, o simplemente pensamos en recibir en la misma medida que damos. La confianza y la lealtad no tienen medida ni precio, y cuando la traición de un amigo nos hace perderla, nos sentimos violadas en nuestra buena fe y en el amor que pusimos en esa amistad.

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