De repente se levantó y trajo el chelo. Se sentó. Y sin decir palabra se puso a tocar la Suite No. 1 en Sol mayor de Bach.Yo ya la sabía de memoria, la escuchaba a diario en diferentes versiones: la de Pablo Casals, la de Lynn Harrell (mi preferida), la de Rostropovich.Ahora la escuchaba en la versión de Ezequiel.Es una pieza tan difícil de tocar bien, que sólo los grandes chelistas se animan a ejecutarla en público.Indudablemente la versión de Ezequiel no tenía la calidad de las versiones que yo conocía, estaba más cerca de ser un ejercicio de digitación que otra cosa, pero tenía tanto amor en cada nota, tanto sentimiento. Una Suite de tal complejidad sólo se puede ejecutar bien después de años de esfuerzo y con mucho talento.La versión de Ezequiel era puro sentimiento.Yo no paraba de llorar.Cuando finalizó nos abrazamos y lloramos juntos.La semana siguiente lo internaron por última vez.
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